Las inundaciones del hombre (carátula del CD con la obra completa)
Los temas aquí desarrollados permiten visualizar los comportamientos de los distintos participantes en este drama, que para muchos nunca dejó de ser un juego. Por cierto, para estos últimos nunca cupo desarrollo de cosmovisión otra que la de sus negocios. Siempre tuvieron esa particular condición de dejar su regalo; y disparar. Sin ellos, esta tarea y estos enfoques serían por completo innecesarios.
Por supuesto, no estamos localizando nuestra mirada en el golfo de Bengala, o en el siglo XV. Sino en los entornos, tiempos, cultura y prevenciones acumuladas, en que vivimos.
La mirada “común” alcanza y sobra para instalarse en estos textos.
Espero que “lo común” tenga ese carácter inmanente, medular, que no necesita incluso de ningún imaginario, para sostener disposición natural a servir. De esa comunión que brinda todo servicio, con sano gozo nos abrimos luego, a la trascendencia que regalan nuestras vinculaciones.
Pero en principio de cosmovisión, necesito diferenciar: inmanencia, de trascendencia; porque al parecer, lo primero está siempre demasiado oculto; y la segunda, persiguiendo el éxito, no tiene tiempo para dedicarle a lo primero.
Cuando oimos decir: “lo primero es el oxígeno”, (y ésto, va siempre referido a los negocios), nos olvidamos que lo primero, en realidad, son nuestros cimientos y nuestra savia. Sin los cuales, de nada sirve perseguir trascendencia. Ésta, sólo será pirotecnia, aunque llenemos el planeta de cemento.
Si después de marchar durante años, recorriendo en sentido inverso todo el aparato intestinal de estas necedades, cinismos, laxitudes; o como quieran que aspiren a llamarse las diarreas de las que trata esta compilación; descubrimos que todo empezó un día soleado con la ingestión por parte del Sr. Gobernador, de una galletita inocente que le traía una amiga, secretaria a su vez de un buen hombre dedicado a los mejores negocios en los peores suelos, ... de aquí en más, todo es historia.
Porque los esfuerzos que habrá que hacer durante (sin exagerar) milenios, para levantar terraplenes, juicios, diques de llanura, indemnizaciones, canales aliviadores, robo de ensueños, zozobras y mil miserias; todo habrá comenzado por la trascendente ensoñación del buen mercader de suelos, que aplicando su capacidad de gestión, supo cómo alcanzar esa galletita al Señor Gobernador.
Me consta, que uno y otro recibieron educación promedio suficiente, para estimar hubiera en las leyes, marcos de prevención que les advirtieran, incluso, de sus propios atropellos. Que los humanos, cuando estamos entusiasmados por algún negocio, siempre enceguecemos.
Imaginen Uds. lectores de este rollo de entuertos y anegamientos, si en el despacho de un gobernador pudiera haber asesores de todos los colores y para todos los cuentos.
Pues bien; al final de todos los caminos; al comienzo de todos los ensueños; encontrará Ud. a un vendedor de suelos, martillero, entrepreneur, developer o como se den en llamar estos camaleones, que a tantos colegiados, (del poder de ilustración que sea necesario), arrastran luego a poner firma en sus entuertos.
Nueve años y medio de trabajo; más de 15.500 folios aplicados, cada uno de ellos en mano, a expedientes que se encontraban a 120 km de mi hogar; más de 27 expedientes administrativos, legislativos y a fiscalías; vistas adicionales a 35 personas físicas y jurídicas; un tomo completo de cartas documento anticipando las faltas que se disponían a cometer; 27 declaratorias en la Fiscalía del crimen de S.I.; un Apéndice completo de notas a la prensa; un resumen del extenso "Estudio de línea de ribera" del Dr. Guillermo J. Cano; evaluación de funcionarios; historial de inconsistencias en criterios aplicados; sustentabilidad de criterios hidrológicos rurales y urbanos; modelaciones de crecidas con soporte de todo tipo de testimonios y relación de recurrencias; un tomo de fotos en helicóptero mostrando el Valle de Santiago en suave inundación (correspondiente a lluvia de recurrencia 10 años); fotos satelitales cargando rica información altimétrica e hidrológica; fundamentación aceptada por los Ministros a las 48 horas de presentada, para participar en las Audiencias de una litis en la Suprema Corte de Provincia; imagino que serán suficientes para estimar que la denuncia tenía con qué sostenerse;
y mi aliento, tiempo suficiente para darse cuenta si los sueños que perseguía tenían entidad real; o eran meros sueños de inundaciones de arroyos moribundos de aguas “intermitentes”.
Agradezco que esas Leyes provinciales 8912/77 y 10.128/83, que tantos developers señalan inexistentes, me hayan regalado sus enseñanzas. Y a sus autores, alcanzado la prueba de haber trabajado en forma exhaustiva, con esa no poca previsión, y por ello, sabiduría, que aquí de ellos celebro.
No así, ese decreto 27/98, sin padres dicen; que mueve a confusiones. Confeccionado a medida de mercaderes y peor redactado. Sin otra savia que el exclusivo oro de sus negocios. No genera nobles servicios al bien “común”; sino perjuicios interminables a nuestro Padre “común”, el Estado. Correlatos, que amén, sin verdes y en las desgracias, amenazan clara desprotección inhumana.
Francisco Javier de Amorrortu
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